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Monasterio San
Francisco |
SITUACIÓN
Eje de comunicaciones, centro de
comercio y servicios y cabecera de una amplia comarca, es núcleo
organizador de un vasto territorio en la Galicia meridional. En los 85
kilómetros cuadrados de que consta el municipio se asienta más de un 30%
de la población total de la provincia.
Su estructura, funcionalidad y
morfología nos hablan de una dilatada historia, desde la época romana
hasta la actualidad, en que se define como la tercera ciudad del sistema
urbano de Galicia, en términos demográficos y económicos.
A ambos lados del Miño, el río más largo y
caudaloso de Galicia, sobre un sustrato básicamente granítico, con unos
rasgos climáticos que muestran ya caracteres de transición al mundo
mediterráneo, se extiende la ciudad que, en sus inicios, respondía a una
función comercial de encrucijada de valor estratégico. En nuestros días,
Ourense es protagonista de nuevas actividades industriales, universitarias
y culturales que buscan abrir camino hacia el futuro.
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DESCRIPCIÓN
GEOGRÁFICA
La topografía característica del
municipio se resuelve en un sector deprimido frente a los relieves
cirundantes, conocido como Depresión y Hoya de Ourense. Dicho accidente
corresponde a una evolución geomorfológica compleja, a partir de una
antigua penillanura, fragmentada y desnivelada a lo largo de los tiempos
geológicos; en efecto, existe un marcado contraste entre los sectores
elevados que rodean, en forma de arco, el enclave urbano (400-500 metros),
con un perfil disimétrico, y los sectores de fondo del valle principal
(100-140 metros). Entre ambos, todo un sistema de terrazas fluviales, que
engarzan con formaciones en suave pendiente (glacis), son testimonio de
los cambios habidos en los agentes responsables de la dinámica del medio
físico.
La depresión está atravesada por
el río Miño cuyo curso sigue la dirección este-oeste, siendo sus afluentes
principales en este tramo el Barbaña y el Loña. Con un módulo de 238
m3/seg el cauce, que discurre a una altitud media de 100 metros se halla
regulado por la presa de Velle, que se encuentra prácticamente en la
ciudad, la presa de Cachamuíña aguas arriba (río Loña); y la de Castrelo
de Miño, aguas abajo. El Miño constituye una de las señas de identidad más
destacadas de la urbe, y a esta imagen se añade además su función en la
producción de energía, así como, más recientemente, su configuración como
espacio de ocio.
Esta disposición del relieve, el
alejamiento de la costa y el efecto barrera, ejercido por las montañas de
la Dorsal gallega, que se encuentran en el sector occidental, hacen que,
desde un punto de vista climatológico, el municipio presente unos
caracteres peculiares.
Biogeográficamente nos
encontramos en un territorio de transición entre el mundo atlántico y el
mediterráneo, donde tan sólo la vegetación de ribera escapa a la intensa
humanización del espacio municipal. |
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HISTORIA
Existe una hipótesis doble sobre
el emplazamiento original de Ourense, en los tiempos romanos: bien la zona
termal de las Burgas, bien la ladera al pie del cerro de Montealegre.
Según Otero Pedrayo, la ciudad nació en la hondonada de las fuentes siendo
posiblemente su nombre un derivado del germánico "Wurm See" (lago
caliente) o del latino "Auria" (topónimo vinculado al término oro). En
cualquier caso, la estructura original de "Aquae Aurentes" se mantuvo
vigente hasta fines del siglo XIX.
Durante la época romana, el
asentamiento constituía un centro secundario de la red de comunicaciones
en el que conectaban las vías procedentes de Bande y el ramal que, hacia
Baños de Molgas, enlazaba con la de Astorga, bifurcándose a su vez hacia
Lugo en dirección norte y hacia Iria. La construcción del puente sobre el
río le dotaba, además, de un valor estratégico.
Ourense se había convertido, ya
en el siglo IV, en ciudad episcopal (Sedes Aurensis) y se dice que durante
los siglos altomedievales desempeñó una importante función como sede de la
monarquía sueva; algunos autores localizan en Ourense la conversión al
catolicismo del rey Charriarico. En conjunto, el período medieval
subsiguiente fue época de una actividad monástica intensa, comenzando a
florecer la función comercial, de manera que alrededor del siglo XIII la
ciudad era ya un centro de intercambio importante: se reconstruyó el
entramado viario y el puente, esta vez como camino secundario hacia
Santiago, y sobre todo, bajo el pontificado de San Lorenzo, reinó la
prosperidad.
Hasta el siglo XVIII, la ciudad
se debatió entre pleitos señoriales. Si bien en dicho momento existía un
importante comercio del vino y del aceite, el eje económico en ese período
se encontraba en los asentamientos más septentrionales de Galicia. Fue en
realidad en el siglo XIX, cuando se reactivó el papel de la ciudad siendo
el factor más destacado de este auge el nuevo trazado de la red de
comunicaciones; la ciudad sufrió una completa transformación al
constituirse la carretera Villacastín-Vigo (1860-1863), apareciendo los
primeros hoteles, y la estación de ferrocarril (1881) cuya inauguración
posibilitó el florecimiento de la vida comercial ya existente; se
reforzaron sus funciones administrativas, al ser designada capital del
Departamento del Sil (1809) y de la Prefectura ourensana (1810) que, a
pesar de su falta de operatividad, impulsaron el hecho real de su
posterior capitalidad provincial (1833).
A comienzos del siglo XX, la
ciudad ejercía, por tanto, unas funciones muy claras en el plano
administrativo, viario y comercial. El crecimiento a través del río contó
con el soporte del Puente Nuevo (1910-1918), originando una activa vida
social de pequeños industriales en el barrio del Puente, anteriormente ya
constituido, mientras la estructura histórica seguía evolucionando en
manos de un estrato de burguesía modesta: aparece el periódico local, se
crea la caja de Ahorros, se organizan las áreas de paseo y esparcimiento,
manteniéndose sin embargo el carácter aún rural en la vida de muchas áreas
periféricas.
Durante el segunda mitad del
presente siglo varios factores se conjugan para potenciar el despegue de
la ciudad. Entre los más importantes vuelven a destacar aquellos
relacionados con las comunicaciones: se remató la construcción del trazado
ferroviario Ourense-Zamora (dos nuevas estaciones en 1952 y 1957) lo que
la convirtió en el núcleo principal de enlace de la red férrea gallega; se
desarrollaron las obras del Plan de Accesos a Galicia (años 60)
materializadas en el nuevo puente. Estos hechos ocasionaron un efecto
multiplicador sobre la industria (construcción en el municipio adyacente
del polígono de San Cibrao), la atracción de mano de obra y, logicamente,
la expansión del mercado de viviendas; no resulta extraño que, en este
contexto, el crecimiento del comercio y los servicios fuese
espectacular.
El resultado de toda esta
evolución ha sido reanimar las funciones tradicionales del núcleo,
buscando en los últimos años las vías alternativas a los problemas
suscitados por la recesión económica general. Hoy día, Ourense, sin duda
alguna, ejerce un papel de primer orden en el espacio meridional de
Galicia como centro de organización territorial. Mantiene en el interior
del mismo una interrelación importante con el otro polo urbano. Vigo, y
posee, a su vez, un carácter de enlace con Santiago de Compostela.
Es en esta lucha por afirmar sus funciones históricas y consolidar las
nuevas, en la que se centra la vida actual de la ciudad. Un claro ejemplo
lo constituye la reciente estructura universitaria y el debate constante
sobre su desarrollo.
ANÁLISIS
SOCIOECONÓMICO
Entre las principales ciudades de
Galicia, Ourense ha ocupado hasta 1940 la última posición por número de
habitantes, a pesar de que casi duplicó su población desde 1900 hasta
dicha fecha; pero desde 1950 se inició una etapa de expansión urbana, de
manera que en los años 90, contraviniendo la pérdida de peso general de
las ciudades medias gallegas, ocupa Ourense el tercer lugar en la
jerarquía urbana con más de 100.000 habitantes. Por motivos ya aludidos al
hablar de la funcionalidad de la urbe, se ha convertido en la última
década en el nodo de crecimiento más importante del interior de Galicia.
De hecho, entre 1981 y 1991 fue una de las ciudades de Galicia de mayor
crecimiento demográfico en términos relativos.
El perfil ourensano del municipio
difiere del observado en el contexto general provincial. Resulta evidente
que la función de capitalidad le dota de una estructura económica
particular; además, Ourense sigue ejerciendo un papel de cabecera comarcal
y centro de mercado en Galicia meridional; muy recientemente, la función
universitaria se ha añadido a las anteriores y a la figura tradicional de
eje de comunicaciones.
Debemos destacar el papel del
centro ourensano como nodo de comercio, comunicación, servicios urbanos y,
en despegue, actividades ligadas a éstos últimos en el plano cultural.
Resulta muy característico de una ciudad de tipo medio con la peculiaridad
del peso de los servicios administrativos y de las funciones derivadas de
su alto índice de conectividad.
Esta estructura, trabada con la
propiamente demográfica, vuelve a situar al polo de Ourense como tercera
ciudad gallega según el peso funcional en el espacio geográfico. Quiere
decir que la potencialidad de desarrollo cara al futuro puede ser
elevada. |

Parque do
Miño
Plaza Das
Burgas |
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Ayuntamiento en
fiestas

Plaza de San Cosme |
MORFOLOGÍA URBANA
El ritmo de los acontecimientos
históricos, inseparable dela evolución demográfic y de la funcionalidad
del espacio, ha determinado la morfología urbana y la disposición de la
trama edificada de la ciudad. Así, todo el conjunto histórico ourensano
parece responder en su plano al esquema de un campamento romano,
existiendo la hipótesis de que la Plaza Mayor represente la posible
ubicación del Foro así como de que éste se localizase cerca de la
Catedral; los cambios habidos durante la época medieval implicaron fases
sucesivas de cambio en el tejido urbano hasta el siglo XII en que, según
suponen los urbanistas dedicados al estudio del tema, la catedral aparece
como punto central de referencia de un caserío organizado en torno al
Palacio Episcopal, la iglesia de la Trinidad, el edificio de la antigua
cárcel, y diversos palacios, casas de nobleza y de hidalgos, cada uno de
ellos con sus torres. En torno al pequeño espacio urbano, se disponía el
entramado agrario dedicado sobre todo al viñedo.
Alrededor de la antigua Ourense
fueron surgiendo nuevas edificaciones como el convento de San Francisco
(siglo XIII), que originó un pequeño arrabal, y a lo largo del tiempo
fueron abriéndose nuevas puertas: del siglo XIV datan las de Corredoira
(al comienzo de la calle Santo Domingo, Burga, Aira (Posío), Fonte Arcada
(San Cosmo), mientras que del XV la del Villar y Póstigo de San Francisco,
por ejemplo. También en este siglo se construye el edifico para las Casas
Consistoriales, de manera que la ciudad va diferenciando en su interior
diversas áreas de mayor o menor rango social (norte de la Catedral y zona
de San Francisco, respectivamente), judería (sur de la plaza del Mercado)
y barrios comunales (más allá de la cerca urbana) que orientarán las
funciones posteriores.
La plaza y las puertas
constituirán los pilares (junto con la construcción de diversos conventos)
del lento desarrollo urbano durante los dos siglos subsiguientes, que se
mantuvo con dicha dinámica durante el siglo XVIII. Sera en el XIX, debido
a varios factores cuando se registre un cambio importante en el tejido
urbano, hacia el exterior del centro histórico anteriormente
mencionado.
La carretera y el ferrocarril
llevaron a la ciudad más allá del río, insertándolo en la estructura
urbana, derribándose las antiguas puestras e iniciándose un importante
crecimiento en la calle del Progreso, destimando a la nueva burguesía, y
de las construcciones recientes (Palacio de Justicia y Diputación); al
mismo tiempo, los antiguos espacios de uso común se transforman en áreas
de uso público (Alameda, Xardín do Posío).
A principios de siglo, se
incorporó el municipio de Canedo (Barrio da Ponte) y la ciudad se expandió
hacia las carreteras de Santiago, Vigo, Monforte y Trives, en torno a los
puentes. El Centro Histórico se renueva sobre todo en su sector
septentrional mientras que la calle del Progreso sigue ejerciendo de
arteria clave de la ciudad. Pero será tras el tercer decenio cuando se
acelere el crecimiento y el cambio experimentado por el espacio
urbano.
La consecuencia dinámica del
tejido urbano podría resumirse del siguiente modo. A mediados de la década
de los 50 se diferenciaba el Centro Histórico con su trama tradicional, de
la Ciudad Nueva con su trazado irregular (hasta el campo de San Lázaro) y
los rebordes periféricos (San Francisco, Couto, Lagoas, Vinteún...). Cerca
de los años 70 se había constatado un fuerte crecimineto de la zona de San
Francisco, Mariñamansa y Barbaña, multiplicándose la aparición de
viviendas unifamiliares en sus sectores extremos a través de los caminos
rurales; se construyó un nuevo puente sobre el Miño, la presa de Velle, se
consolidó el barrio del Puente y se densifica la construcción en la
carretera de Santiago. A mediados de la década de los 70 la urbanización
es intensiva y el sector de San Lázaro toma una trama verdaderamente
urbana. Todas esta tendencias prosiguen hasta los años 80, en los que será
el área centro de San Lázaro el nodo articulador de la vida urbana de
forma definitiva.
En conjunto se diferencian
claramente los tejidos urbanos de morfología consolidada y trama cerrada
(Ciudad Antigua) de los tejidos urbanos de morfología desorganizada y
trama desordenada (áreas pericentrales). En la actualidad, se intenta
solventar esta desconexión con actuaciones parciales (Ribeiras del Miño)
en cada uno de ellos. |
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CULTURA, MONUMENTOS Y
TURISMO
De las diversas épocas de su
conformación Ourense guarda ricos y valiosos testimonios. Son famosos
aquellos que nos remiten a la ciudad romana como el puente sobre el río
Miño o las Burgas, ambos símbolos emblemáticos de la ciudad. Reconstruido
en el siglo XIII, el Puente Romano fue baluarte estratégico, paso hacia
Santiago y, hoy día, punto de mira privilegiado sobre le Miño. Las fuentes
termales de las Burgas, de obligada visita, muy próximas al edificio
consistorial, poseen un caudal de agua caliente (70 ºC) de 300 litros por
minuto, muy apreciada por sus propiedades minerales; lugar de leyenda y
mito, su configuración actual se debe a sucesivas obras desde el siglo
XVII hasta fechas recientes.
De igual forma, cabe destacar el
valor artístico de la Catredral ourensana, no siempre considerado en su
justa medida. Su plano se fundamenta en una planta de cruz latina, con una
cabecera de triple ábside (hoy sólo queda el central) y tres naves
coronadas con bóvedas de crucería. Se fecha su construcción en entre los
siglos XII y XII, reflejando en sus diversos elementos los estilos
románico, gótico, renacentista, barroco y neoclásico. Si bien todo ella
merece atención, resaltan sobre todo las realizaciones del Pórtico del
Paraíso, el Retablo Mayor y la Capilla del Santo Cristo, muy venerado por
todos los habitantes de la ciudad.
El Convento de San Francisco,
situado en la parte alta de la ciudad, constituye otro punto de interés.
En él, es digno de destacar el claustro construido en el primer tercio del
siglo XIV, formado con arcos ojivales que se asientan sobre columnas
gemelas coronadas por capiteles profusamente decorados. La iglesia de este
convento puede visitarse en su ubicación actual, el Parque de San Lázaro,
a donde fue trasladada por la orden franciscana. Tanto la fachada como el
interior de la misma revelan la austeridad y belleza propias del conjunto
artístico.
Todo el espacio que
constituye la Ciudad Antigua se encuentra jalonado de monumentos de
interés. Tal es el caso de las Iglesias, como la de Santa María Madre
situada en un lateral de la Plaza Mayor, construida en el solar de la
catedral sueva del siglo VI de la que quedan varias columnas en su fachada
actual (siglo XVIII); o la de Santo Domingo (siglo XVII) con sus retablos
barrocos; o la de Santa Eufemia (siglo XVIII) de fachada rococó, muy
cercana al Obispado de la ciudad. De igual manera, cabe reseñar las plazas
de este Centro Histórico, todas ellas dotadas de una gran belleza; tal es
el caso de la Plaza de la Magdalena o la Plaza del Hierro, por ejemplo,
sin dejar de citar la belleza de su plaza Mayor.
También en él se encuentra la
oferta de museos de la urbe, bien el Museo Catedralicio, el Museo
Arqueolóxico Provincial (antiguo Palacio Episcopal) o el Museo Municipal,
hasta cuyas puertas puede llegarse paseando por las pequeñas calles y
plazas que nos hablan del pasado ourensano.
Más allá de este entorno, la
ciudad brinda las posibilidades de esparcimineto en los nuevos sectores
urbanos como una característica ciudad media (cafés modernistas, pubs)
hasta las riberas del curso fluvial donde, de nuevo, pueden visitarse las
milagrosas aguas termales do "Tinteiro", o desplazándose hacia los
sectorees más elevados del municipio, gozar de un día de campo con
espectaculares vistas sobre el valle.
Ourense, a la que en alguna
ocasión se le llamado Atenas de Galicia, posee una vida cultural muy
animada. Conferencias, teatros y espectáculos se suceden a lo largo del
año centrados en el nuevo Teatro Principal y fomentados con la relación
entre foros ya tradicionales (Ateneo, Liceo Ourensano) y el ambiente
universitario que está naciendo en la ciudad. |
Puente Nuevo de Ourense
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Fuente Curros
Enríquez |
FIESTAS
Son muchas y variadas las
festividades que tienen lugar en la ciudad ourensana, cada una de ellas
ligadas a sucesos o espacios particulares en el interior de la urbe. Entre
todas cabe destacar las de San Martiño, El Corpus y los Maios.
San Martiño, patrón de la
diócesis, es popularmente conocida por sus magostos. Toda la población se
reúne en torno a las hogueras, donde la castaña es reina. El Corpus es el
eje de la semana grande de la ciudad, en que procesiones, conciertos y
actividades culturales convierten las calles de Ourense en una continua
fiesta. Es célebre el desfile de carrozas y la batalla de flores así como
la sesión de fuegos de artificio sobre el río Miño y el puente romano. Los
Maios, dia 3 de mayo. Por la calle del paseo y posteriormente en la
Alameda do Cruceiro, se exponen los "Maios", que son figuras hechas a
mano, y terminadas con flores. También se pueden utilizar otros materiales
que los adornen. Por las calles es tradicional la lectura de coplas con
versos que satirizan acontecimientos importantes ocurridos durante el año,
así como a personas relevantes en la vida de la ciudad. Al final del día
se premian a los mejores, con tres categorías distintas, equivalente a 1º,
2º y 3º premio.
También los Carnavales son muy
celebrados en el municipio; los ourensanos exponen, en esta ocasión, todo
su ingenio, "chispa" y buen hacer. |
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TELÉFONOS DE INTERÉS:
AYUNTAMIENTO 988 38 81
75
OFICINA MUNICIPAL DE TURISMO 988
36 60 64
POLICIA MUNICIPAL 988 38 81
38
CRUZ ROJA 988 24 22 22
TEATRO PRINCIPAL 988 24 14
92
MUSEO ARQUEOLOXICO 988 22 38
84
OFICINA DE TURISMO DE LA XUNTA DE
GALICIA 988 37 20 20
PADROADO PROVINCIAL DE TURISMO
988 39 10 85 |
Para mayor información, visitar la página de: www.inorde.es
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